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sábado, marzo 27, 2004
El delicado arte de caminar en línea recta 
Cuando yo era más chico (15, 16 años) tenía un amigo con el que a veces volvíamos caminando del colegio (de Plaza Flores a Primera Junta, por Rivadavia derecho). Siempre llegábamos a un punto en que él se enojaba y me decía “¿Podes caminar en línea recta por favor?”. Es que yo tenía la estúpida tendencia a desviarme hacia alguno de los lados, cosa esta que terminaba indefectiblemente de una de dos maneras: 1) terminaba casi encima de mi amigo, que era cuando me decía eso que dije al principio o 2) si me desviaba para el otro lado recién caía cuando ya casi estaba caminando por encima del cordón o cuando me faltaban unos pocos centímetros para pegarme contra la pared. Cuento esto porque hoy me di cuenta de que para hilar pensamientos soy igual. Me cuesta mucho seguir algo sin desviarme para cualquier lado. Creo que eso también se ve en la forma en que armo los posts. También me di cuenta de otra cosa: lo rápido que he incorporado el blog a mi vida diaria. Más adelante van a ver porqué digo esto.

Fui al Centro Cultural Recoleta a ver la exposición de que hay sobre figuritas. Como algunos probablemente ya saben, yo estudio Diseño Gráfico y una de las cosas que me prendieron de la facultad es ese cariño por las curiosidades gráficas. Esta exposición explota un poco ese amor por el vintage que tanto nos llama a los diseñadores, pero sobre todo va con algo de esa nostalgia que caracteriza a nuestra generación más que a otras (a pesar de que no haber podido ver la mayoría de las colecciones que están expuestas).
Justo El otro día hablábamos con gente conocida de esto. La generación de nuestros padres o nuestros abuelos también sentía nostalgia, pero de otras cosas. Por ahí se les humedecían los ojos al hablar del barrio o del potrero, pero es como que era la nostalgia de ese barrio, o de ese potrero en particular. Si bien seguro había personajes típicos que era habitual encontrar repetidos en otros potreros o en otros barrios, no sé si era tan fácil compartir el sentimiento con alguien que se había criado en otro barrio. En cambio nuestras nostalgias son mucho más homogéneas. Para compartir un momento de nostalgia con alguien sólo se necesita tener más o menos la misma edad. Yo puedo hablar de La Hora de los Pibes y casi todos van a saber de que estoy hablando, independientemente de adonde se hayan criado. De quién era Míster Moto. O de cómo todos nos bancábamos esa media hora de propaganda evangelista que era el Club 700 mientras esperábamos a Mazinger. No es que nuestros padres no vieran la tele, lo que pasa es que sus infancias no pasaron tanto por ahí como lo hicieron las nuestras. Seguro en alguno o varios momentos les debe haber llegado ese mail de “La gente que egresa de la secundaria este año nació en 198*. Eso quiere decir que no vivieron…”

No sé por cual de todas estas cosas me gustó la exposición. Pero había muchas cosas curiosas, como por ejemplo las figuritas de Los Beatles y Los Monkees. La mayoría de las colecciones yo no las conocía. Como por ejemplo las de series viejas de Televisión, que traían a Jim West, a los tipos del Túnel del Tiempo, al Hombre del Rifle o Chips (vintage total!). Tampoco conocía las de fútbol, pero por lo que a mí me interesa, me pueden poner el álbum de figuritas del torneo Apertura 2002, que yo no las voy a conocer de todas formas. Después estaban las originales de Marte Ataca! de los 60's y las dos series de Titanes en el Ring, dentro de las cuales había una que venía especialmente con la foto de un titán sin la cabeza para que vos pegaras tu foto y abajo decía “El Titán ……………” así, con puntos suspensivos para que uno escribiera su nombre. Vayan a mostrarle a algún chico de ahora eso y seguro se les caga de risa en la cara como diciendo: “Vos, pedazo de pelotudo te copabas con esta gilada?”. Lo más bizarro era una colección que se llamaba Babilonia. Lo que hacían estos tipos era agarrar una página de alguna historieta, la recortaban en rectangulitos y te la vendían en sobrecitos. Entonces, cuando vos completabas la página, tenías una historieta de “Jorge, el Hombre Relámpago” que no era otro que Flash Gordon (!).
Más adelante había una exposición del grupo de arte Orgánico en la que había algunas cosas interesantes como por ejemplo los cuadros de Milagro Peralta Ramos (cuando va a llegar el día en que vea expuesto algún artista argentino que se llame por ejemplo Fernández, de apellido), el resto no llamaba demasiado la atención.
Ah, también había una exposición de Jorge Polaco de fotografías de desnudos de mujeres mayores en blanco y negro que eran muy impresionantes.
Lo mejor llegaba al final, donde estaba la exposición “100 Años de Afiche Ruso”. (Mimí, te recomiendo esta expo, no sé como ven el tema en las privadas, pero los rusos son el ABC del afiche). En sí no era gran cosa como exposición, porque eran páginas de un libro ruso de afiches, arrancadas (bien arrancadas, obvio) puestas una al lado de la otra, pero que a pesar de eso tenía afiches excelentes.
Había cosas de la época de la Revolución de Rodchenko y los constructivistas, de la época de la Guerra estaba el famoso afiche de “La Madre Patria nos llama a pelear” que tiene una ilustración de una mujer que representa a la Madre Rusia sosteniendo un panfleto con una mano, con la otra en alto y una muchedumbre atrás. Ven? ¡Sabía que me iba a pasar esto! Me quiero acordar como era ese afiche y no lo recuerdo bien. Creo que era como yo lo describo, pero no estoy seguro. Bien podría haber sido de otro modo. Yo sabía que iba a querer recordarlo, porque fue un afiche muy importante para su momento, que logró conmover mucho al pueblo ruso. De hecho Pavlovsky en la carta que escribe a su regreso de la Segunda Guerra lo menciona diciendo algo así como “Cuando lo vi, imaginé que mi madre había salido a la calle a pelear por su hogar. Yo atendí su llamado. Cuando volvimos no teníamos hogar (los enemigos lo habían quemado) ni madre (la habían matado), pero habíamos cumplido su deseo, volvimos con la victoria que ella nos había pedido”. Es como todo, por ahí uno ve el afiche ahora y se pregunta “¿Como puedo haberles llamado tanto la atención esto?”, pero es que la gente en ese momento era capaz de emocionarse con mucho menos. No estoy diciendo nada nuevo cuando digo que ahora la gente no es tan fácil de conmover debido a la larga y pesada carga cultural que llevan encima. Quiero decir que si ahora uno quisiera generar lo que generó Orson Welles cuando contó La Guerra de los Mundos por la radio se tendría que esforzar infinitamente más. En el caso de que fuera posible llegar a algo así, cosa que dudo.

Antes decía que me llamaba la atención como había incorporado este blog a mi vida. Y lo decía porque cuando estaba viendo los afiches rusos me di cuenta de que no había traído nada para anotar. Sabía que iba a querer hacer un post sobre eso y sobre lo de las figuritas, y no confiaba en mi memoria. No les puedo explicar lo nervioso que me puso darme cuenta de que no tenía en donde escribir. Miraba alrededor en busca de un lugar en donde poder anotar. Pensé: “Quizá si arranco alguna hoja del libro de visitas? Pero todavía no tengo con que escribir…podría agarrar la birome que está atada al libro de visitas. Seguro que el hilo es de tanza, o sea, que lo podría quemar con el encendedor para sacarla…total después la devuelvo… También podría ir a Informes a pedir una hoja y un papel. No, eso es en la entrada. Me conozco lo suficiente como para saber que si llego hasta allá no voy a querer volver”.
Por fin me resigne a que no lo iba a poder anotar, así que traté de memorizar lo que veía: en qué consistía el afiche, lo que decía Pavlovsky en la carta, información sobre otros afiches que también estaban muy buenos, etc. Había algunos sobre obras de teatro o películas que eran excelentes. Pero, como ven, no puedo confiar en una memoria que no puede andar más de dos metros en línea recta.
Fue por entonces que salí caminando rápido del Centro cultural. Pensando si me convendría parar en un bar a anotar todo lo que había visto. También podía seguir caminando, a veces eso me ayuda a armar lo que estoy tratando de decir. Una vez, cuando era más chico, incluso armé una poesía buena mientras caminaba. En serio. La trabajé a lo largo de unas doce cuadras, así que cuando llegué solo la tuve que pasar al papel. En ese momento me había gustado mucho. Seguro no era original. Yo en ese momento estaba muy impresionado con Oliverio Girondo, así que debía sonar mucho a lo que hacía él, pero se la mostré a un amigo y él me dijo que le había gustado.
Lo que pasa es que el “método de la caminata” tiene contraindicaciones. Quiero decir, que hay que encontrar la distancia justa para caminar y eso es muy difícil. Unas pocas cuadras de diferencia son las que pueden dividir un acabado brillante del olvidarselo todo.
Ahora ya no tengo esa poesía. Si la tuviera ahora, la leería y probablemente pensaría “Tanto espamento y la verdad que esto era una mierda”. Así que supongo que perderla fue lo mejor, porque así me quedó una buena impresión de ella, y puedo decir: “Saben? yo una vez escribí una buena poesía” (así, en tono Silvio Rodríguez). Total nadie me va a poder decir que eso no es cierto.

En fin, a pesar de cómo lleve incorporado yo este blog, me doy cuenta de que el acto de escribir posts tiene un timing con el que yo todavía no estoy familiarizado. Es por eso que escribo estos choclos infumables en los que dudo que alguien sea capaz de llegar hasta este punto. Así que si alguno logró llegar hasta acá, sepa que le agradezco que se haya tomado un momento para leer lo que yo escribo. (no, no, eso sonó muy estirado...)
# posted by RexPOP @ sábado, marzo 27, 2004




















































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